A Mi Madre.




El Amor es un sentimiento que no se ve ni se toca, pero ahí está implícito en cada una de las personas con una diversidad de medidas y formas entre las que destaca el que entrega una madre.
Ese amor me tocó sentirlo a raudales durante muchos años y al tiempo me di cuenta que los hijos jamás logramos dimensionarlo y menos aún valorar la entrega de una madre,  pero en ella entendemos que el amor se da y ya.
Doña Leonor, mi madre, una mujer bajita de estatura, de escasos estudios, pero grande en valores humanos y más aún en sus conocimientos empíricos de la vida. Ante mis ojos era un caramelo que a diario disfrutaba, agradeciéndole a Dios por regalarme esa madre.
Mi Chaparrita murió el 20 de Julio de 1988 y su deceso fue un tremendo golpe a mi estado anímico por el  dolor que me causó... Tardé al menos dos años  en entenderlo y regresar a la vida familiar sin el ánimo menguado, porque ya era una persona diferente con mis hijos y mi esposa que veían disminuido mi interés por sus personas, viviendo , si, pero sintiéndome solo ante una pena que trasmitía a los que me rodeaban sin desearlo.
El tiempo ha pasado y con él, la salud a una herida que pronto me ha permitido reiterarle mi agradecimiento a Dios por el prodigio del amor que ahora me enseña a entregarlo sin medida, igual que alguien me lo dio... Mi Madre.
Después de su  fallecimiento, estuve tentado a hacer un poema a la inmensidad de su amor, sin embargo, me contuve ante el hecho de ser estos versos los que un día le entregué y que me recibió con mucho agrado.


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